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Ven Sígueme Salmos 49–86 | Contaré lo que ha hecho por mi alma

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Ven Sígueme Salmos 49–86 | Contaré lo que ha hecho por mi alma
Por Hernán Felipe Toledo • Publicación #5 • Visualizar online
Ya estamos a la mitad de los Salmos y nuestra alma se ha gozado en alabanzas hacia el Señor.

Ven Sígueme Salmos 49–86 | Contaré lo que ha hecho por mi alma
(Puedes ver la clase si no estuviste en vivo, en el enlace de arriba)
Resumen de la clase
En esta clase seguimos estudiando salmos muy intensos, como el Salmos 51, que contiene los ruegos de David por el perdón de sus pecados, o el 49, sobre la gloria pasajera de quienes confían en lo temporal. También destacan los títulos de refugio, roca y salvación atribuidos a Jehová (Salmos 61-62, 71), y los Salmos 66 y 77 que describen las maravillas que ha hecho Dios. También se destaca la gran gloria del Señor mediante un recurso usual para esos tiempos en la literatura: las preguntas retóricas. Tal es el caso del salmo 77 y el 85, que expresan preguntas sin el fundamento de duda u objetivo de tener respuestas, sino para enfatizar precisamente lo contrario que afirmaría tal cuestionamiento. Destaca en este último salmo una profecía sobre El Libro de Mormón (la verdad brotará de la tierra), y termina esta clase destacando quizás, los atributos que más deseamos de nuestro Señor para con nosotros: misericordia y perdón (Salmos 86).
Salmos de esta clase y su cumplimiento en el Nuevo Testamento
En esta oportunidad recopilé los salmos mesiánicos y proféticos más relevantes de este segmento de estudio para compartírselos junto a la referencia de su cumplimiento relacionado:
  1. La traición de un Apóstol: Salmos 41:9 y Mateo 26:23
  2. El Cristo vituperado: Salmos 69:9 y Juan 2:14-17
  3. Jehová como Cristo: Salmos 82:6 y Juan 10:34
  4. El asolamiento de Jerusalén: Salmos 69:25 y Hechos 1:19-20
  5. La ascensión de rescate del Salvador: Salmos 68:18 y Efesios 4:8; Hechos 1:9
¿Qué hemos aprendido hasta ahora? ¿Cómo alabamos mediante un salmo?
El élder Bruce R. McConkie, del Quórum de los Doce Apóstoles, compartió sus sentimientos personales relacionados con alabar al Señor:
“Pienso que el pueblo del Señor debe regocijarse en Él y gritar alabanzas a su santo nombre. Exclamaciones de hosanna deben ascender de nuestros labios continuamente. Cuando pienso en el conocimiento revelado que tenemos de Él, a quien conocerle es vida eterna, y en el gran Plan de Salvación que ha ordenado para nosotros; cuando pienso en Su Hijo Amado que nos compró con Su sangre, y que trajo a la luz vida eterna e inmortalidad por medio de Su sacrificio expiatorio; cuando pienso en la vida y el ministerio del profeta José Smith quien, con excepción de Jesús, ha hecho más por la salvación de los hombres en este mundo que ningún otro hombre que jamás ha vivido, y quien culminó su ministerio mortal con la muerte como mártir, mi alma se hincha de gratitud eterna, y deseo de elevar mi voz con los coros celestiales, en incesante alabanza para Él, quien mora en las alturas.
Cuando pienso que el Señor tiene un profeta viviente que guía Su reino terrenal, y que aquí hay apóstoles y profetas que caminan por la tierra otra vez; cuando pienso que el Señor nos ha dado el don y el poder del Espíritu Santo para que tengamos las revelaciones del cielo y el poder de santificar nuestras almas; cuando pienso en las innumerables bendiciones —los dones, los milagros, las promesas de que la unidad familiar seguirá eternamente, todas las bendiciones que son derramadas sobre nosotros y ofrecidas libremente a todos los hombres en todas partes— mi deseo de alabar al Señor y proclamar Su bondad y gracia no tiene límites. Y así, con este espíritu de alabanza y de gratitud… quiero concluir con estas palabras de mi propio salmo:
Alabad al Señor;
por Su bondad,
por Su gracia,
exaltad Su nombre y buscad Su faz.
Oh, alabad al Señor.
Bendito sea el Señor:
Por Su misericordia,
por Su amor,
exaltad Su nombre y buscad Su faz.
Oh, bendito sea el Señor.
Alabad al Señor;
Quien creó todas las cosas,
Quien redimió todas las cosas;
exaltad Su nombre y buscad Su faz.
Oh, alabad al Señor.
Buscad al Señor:
Quien reina en las alturas,
Cuya voluntad conocemos;
exaltad Su nombre y buscad Su faz.
Oh, buscad al Señor”
(“Think on These Things”, Ensign, enero de 1974, pág. 48).
Quizás sea una buena idea redactar en nuestros diarios, o pronunciar en una oración privada, nuestro propio salmo, que provenga desde el alma.
Nos vemos en nuestra próxima clase en vivo, según la cuenta regresica en ClaseVenSigueme.com y nos leemos la próxima semana en otro mensaje a tu correo.
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