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Ven Sígueme Isaías 58–66 | Vendrá el Redentor a Sion

Ven Sígueme Isaías 58–66 | Vendrá el Redentor a Sion
Por Hernán Felipe Toledo • Publicación #18 • Visualizar online
Finalizamos el grandioso libro de Isaías. Si no viste la clase, puedes hacerlo en el siguiente video, o leer este mensaje resumen, más abajo.

Ven Sígueme Isaías 58–66 | Vendrá el Redentor a Sion
Ven Sígueme Isaías 58–66 | Vendrá el Redentor a Sion
Resumen de la clase
Los judíos se preguntaron por qué el Señor no reconocía su ayuno. Por medio de Isaías, el Señor le enseñó al pueblo acerca del ayuno apropiado y la observancia del día de reposo.
Isaías enseñó a los israelitas que sus pecados los habían separado de Dios. Isaías profetizó en cuanto a los últimos días, al papel del Mesías prometido, la Segunda Venida y el Milenio.
El ayuno agradable
Así se expresa en Isaías 58:5. El ayuno agradable a Jehová, debe ser hecho apropiadamente, cómo Él lo instauró. Al inicio del capítulo se ofrecen aclaraciones de lo que los judíos estaban haciendo mal, y luego, desde el versículo 6, cómo se debe ayunar realmente, con un propósito.
Actualmente varios líderes han complementado esto.
El élder Carl B. Pratt comentó:
“…me temo, hermanos, que muchos de nosotros no estemos ayunando en los días de ayuno o que lo estemos haciendo de una manera descuidada. Si estamos cayendo en el hábito de ayunar sin pensar en el porqué lo hacemos o si simplemente ayunamos el domingo por la mañana en vez de hacerlo durante dos comidas, o sea, veinticuatro horas, nos estamos privando a nosotros mismos y a nuestros familiares de maravillosas experiencias espirituales y de bendiciones que se reciben mediante el verdadero ayuno” (“Las bendiciones de un ayuno apropiado”, Liahona, noviembre de 2004, pág. 47).
Y agregó un comentario que responde precisamente a las 4 bendiciones del ayuno mencionadas en el versículo 6 del capítulo 58 de Isaías:
“Si ayunamos y oramos con el propósito de arrepentirnos de los pecados y de vencer debilidades personales, desde luego estaremos buscando ‘desatar las ligaduras de impiedad’ en nuestra vida. Si el propósito de nuestro ayuno es ser más eficaces al enseñar el Evangelio y al servir a los demás en nuestros llamamientos de la Iglesia, sin duda nos estamos esforzando por ‘soltar las cargas de opresión’ de otras personas. Si ayunamos y oramos pidiendo la ayuda del Señor en nuestros esfuerzos misionales, de cierto tenemos el deseo de ‘dejar ir libres a los quebrantados’. Si el propósito de nuestro ayuno es aumentar el amor por nuestro prójimo y vencer nuestro egoísmo, nuestro orgullo y el tener nuestros corazones puestos en las cosas del mundo, indudablemente estamos procurando ‘[romper] todo yugo’” (“Las bendiciones de un ayuno apropiado”, Liahona, noviembre de 2004, págs. 48–49).
Isaías 58:13–14. Santificar el día de reposo
La enseñanza principal plasmada en estos versículos se resume en no hacer nuestra voluntad en el día del Señor.
El presidente Spencer W. Kimball enseñó lo siguiente acerca de santificar el día de reposo:
“El día de reposo es un día santo en el cual hay que hacer cosas dignas y santas. Abstenerse del trabajo y del recreo es importante, pero insuficiente. El día de reposo exige pensamientos y hechos constructivos, y si uno solamente está ocioso sin hacer nada, está violando el día de reposo. A fin de observarlo, uno estará de rodillas orando, preparando lecciones, estudiando el Evangelio, meditando, visitando a los enfermos y afligidos, durmiendo, leyendo cosas sanas y asistiendo a todas las reuniones en las que se debe estar en ese día. El dejar de hacer estas cosas pertinentes constituye una transgresión del lado de la omisión” (El milagro del perdón, 1969, págs. 94–95).
Isaías 59:16. El Señor es nuestro Intercesor
El élder Bruce R. McConkie, del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó acerca de la función del Señor como nuestro Intercesor:
“[Jesucristo] intercede por el hombre, defendiendo su causa ante los tribunales del cielo… Durante la Expiación que Él realizó, pagó por los pecados de los hombres siempre y cuando se arrepintieran, con el fin de que todos pudieran escapar de los juicios que se decretaron por la desobediencia” (The Promised Messiah: The First Coming of Christ, 1978, pág. 329).
Isaías 60:19-22. “El sol nunca más te servirá de luz para el día”
El élder Orson Pratt, del Quórum de los Doce Apóstoles, habló de cómo el Señor llegará a ser una fuente de luz para los habitantes de Sión:
“Sión no tendrá necesidad del sol cuando el Señor esté allí y toda la ciudad sea iluminada por la gloria de su presencia. Cuando los cielos sean iluminados por la presencia de su gloria, no tendremos necesidad de esas brillantes luminarias del cielo para darnos luz, al menos en lo que concierne a la ciudad de Sión. Pero habrá mucha gente morando en otras ciudades vecinas, las que todavía necesitarán la luz del sol y de la luna; mas la gran capital donde el Señor establecerá uno de sus tronos, pues su trono no estará solamente en Jerusalén, también estará en Sión, tal como lo encontrarán en numerosos pasajes de la Biblia. Por lo tanto, cuando Él establezca su trono en Sión e ilumine las moradas de la misma con la gloria de su presencia, sus habitantes ya no tendrán necesidad de la luz que proviene de las brillantes luminarias que irradian en los cielos, sino que serán vestidas con la gloria de su Dios (“Discourse”, Deseret News, 20 de marzo de 1872, pág. 79).
Isaías 63; 64; 65:20, 22; 66:22. La muerte durante el Milenio
Los capítulos finales hablan de la Segunda Venida y el Mileno. Se describe la vestidura roja de Jehová y el porqué, los carros de fuego, el torbellino, etc. para su venida, y se mencionan casas, viñas, animales en paz, cielos nuevos y tierra nueva para el milenio.
El presidente Joseph Fielding Smith enseñó acerca de la naturaleza de la vida y de la muerte durante el Milenio:
“Cuando el Señor venga para gobernar sobre la Tierra por derecho propio, y todos los reinos lleguen a estar sujetos a Él, y la Tierra sea renovada y de nuevo reciba su gloria paradisíaca, la muerte será quitada hasta donde sea posible quitarla antes de la Resurrección y mientras siga habiendo mortalidad. Durante el Milenio, la Tierra será transformada en una ‘nueva tierra’ con un nuevo cielo, tal y como declaró Isaías. Nunca más será una tierra telestial, sino que se convertirá en una tierra terrestre. Los niños no morirán hasta que se hagan viejos, y entonces la muerte será la transición del estado mortal al inmortal en un abrir y cerrar de ojos. Ese día está cerca, ‘hablando según la manera del Señor’, y entonces vendrá el tiempo de la completa separación de los inicuos y los justos” (Church History and Modern Revelation, 2 tomos, 1953, tomo 1, págs. 232–233).
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Hernán Felipe Toledo

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